Después de habernos avituallado, haber llenado los depósitos de glucógeno, cambiado parte de la indumentaria y Lluís ya atendido, dejamos atrás el Polideportivo Prat del Roure junto al balneario Caldea. Os preguntareis quizá si no hubiera sido más sensato zambullirse en alguna de las piscinas pero yo creo que si me adentro en esos momentos en un jacuzzi me tienen que sacar de él con grua, paradójicamente prefiero continuar caminando. Mentalmente es el 2º tramo del recorrido, ya ha transcurrido una noche y el cambio de ropa y los rayos de sol nos reconfortan, nos esperan unos 20 km de subida continua hasta Coll de Pessons, habiendo hecho desniveles tan pronunciados éste se nos antoja, a priori, más sencillo. Detrás de una gasolinera, saliendo de Escaldes, comienza la senda, el camino es amplio pero, como no, pedregoso, aún así la pendiente es suave y se hace llevadera. Podemos contemplar el paisaje, intercambiar impresiones y hacer bromas durante esta parte del recorrido que ya habíamos visto en video, también cabe destacar que no era tan sencillo como aparece en el mismo sino suavizado si lo comparamos con la dureza del resto de la prueba.
Transcurre toda la mañana del sábado y parte de la tarde junto al río, en el camino nos encontramos con un andorrano que no es la primera vez que la hace y conversamos con él, en una de las numerosas veces que cruzamos el río el compañero del país de las montañas y los valles remoja su buff antes de volvérselo a colocar, Lluís y Joan lo imitan, yo decido no hacerlo, la cabeza no está nada caliente y ya le estoy cogiendo cierta manía a la sensación de humedad o quizá no me quisiera agachar, el cerebro se vé incapaz tan siquiera de dar esa orden. Hablando de ríos, cruzamos a lo largo de la carrera el río Valira y otros afluentes o riachuelos vaya usted a saber, en innumerables ocasiones con lo cual resulta inevitable que Lluís y yo hablemos de Heráclito y de su máxima “no nadarás dos veces en el mismo rio”, bromeamos afirmando que la acuñó siglos ha en esta carrera. ¿Se trata del mismo rio que unos kilómetros o cientos de metros atrás?, ¿es otro?, según el presocrático se concluye que es indiferente porque a cada instante el rio ya no es el mismo aunque el cauce guarde similitudes, ¿o no?, evidentemente se trata de entretener la mente, de engañar al cerebro e ir concluyendo horas de carrera.
Al atardecer, antes de llegar al avituallamiento, Joan parecía el más perjudicado, se quedaba atrás e íbamos esperándolo de vez en cuando, el recorrido ligeramente en ascenso era favorable a mis condiciones y Lluís en un alarde de fuerza y coraje iba tirando del grupo a pesar de su maltrecha rodilla. Antes de llegar al punto de control Joan me comenta que está muy cansado y mentalmente lo animo diciéndole que llegar a los 67 kilómetros en las Bordes d’Envalira es todo un éxito, que nos centremos en él y allí decidiriamos y asiente no sé sin con mucha o poca convicción pero sigue adelante como un campeón. En el avituallamiento nos obligan, sí habeis leído bien, a tomar sopa y nos llenan el camelbak, nos tratan como señores, hay gente que duerme y espera ser despertada “a los 10 minutos” oímos, personalmente creo que dormir 10 minutos es peor que continuar despierto, yo personalmente no tengo sueño y por lo que comento con Joan y Lluís, ellos tampoco. Después del refrigerio y antes de atacar la subida fuerte a Pessons, nos encontramos con Juan que hace la Mític (112 km), el tio va a base de geles ya que todo lo que intenta comer lo vomita, de hecho eso es lo que hizo con la coca cola que tomó, nos invita a continuar juntos el camino y declinamos la invitación porque sabemos que aún mermado de condiciones va como un tiro para nosotros, en efecto, en pocos minutos desaparece de nuestro campo de visión.
Comenzamos el ascenso a Pessons, alguien de la organización o una aparición, a saber, nos aconseja subir “con la reductora”, eso es a paso corto. La subida se me hace dura pero increiblemente “cómoda” y dejo unos metros atrás a Lluís que va esperando a Joan a sabiendas de que en la bajada me van a dar para el pelo. Primera bajada dura a los 60 km de carrera aproximadamente, las piernas ya no me aguantan, los cuadriceps me revientan, se me están empezando a llagar los pies debido a la humedad y encima es tipo tartera, quizá no tan dura como el Pedraforca pero se asemeja, algo más sinuosa y más perpendicular a la pendiente. Una caida sin consecuencias pero a la segunda doy con el antebrazo, menos mal, en una roca, a día de hoy todavía me duele, aparecen unos ángeles de la guarda de la organización y me echan agua, “¿estás bien?”, “sí es solamente el dolor del golpe”, pero qué dolor, cuando cesa y al poco de reiniciar el tortuoso descenso, oigo “Paaaaacoooo”, es Lluís el que me llama, ya los tengo aquí, al poco me adelantan por técnica y ya no los vería hasta el refugio. Es el primer tramo largo en solitario y comienzo a maldecir las piedras, los rios y los pantanos, de hecho bordeé uno y me apercibí de ello cuando ya lo abandonaba, increible la nula atención que estaba ya prestando al paisaje en general, solo miras en que puñetera piedra pones el pie, si se va a mover o no, si está húmeda, si clavas el palo, si no lo clavas o si te sientas y te vienen a buscar, creo que en esas cayó el segundo iboprufeno después del avituallamiento de Caldea. Bordeando uno de los pantanos veo a Lluís al otro lado, parece que está cerca pero hay que dar toda la vuelta, Joan se ha destacado, imagino que el propio cansancio le ha dado alas para llegar a Bordes de Envalira, sí es una paradoja, pero a mis dos compañeros de viaje les ha sucedido, igual que hago en algún entreno cuando “voy con el gancho”, apretar para llegar antes y finiquitar el sufrimiento. A poco de bordear el lago alcanzo a Lluís renqueante, está la Cruz Roja y pensamos que era ya el refugio, no lo atienden o se niegan a atenderlo, no es de la organización, de todas formas me comenta que estamos a 2 kilómetros que es lo que me repite un señor mayor que estaba por allí, cada vez creo más creo que todo fue un sueño, que allí no había nadie, vaya 2 kilómetros, eran 4 o 5 mínimo, interminable, decido que el próximo iboprufeno me lo tomo en el refugio, al rato alguien en moto que me dice que faltan “unos 20 minutos”, ya me vuelvo loco y jurando en hebreo, eso sí ya en ligera bajada, coincido con una francesa que va igual de muerta muscularmente que yo, como lo poco que hablo francés lo hago fluido se cree que domino y me empieza a hablar de sus fatigas musculares, no me apetece hablar con nadie y menos no hacerlo en catalán o castellano, así que celebro que viene su marido a buscarla ya que nos encontramos en las proximidades de un punto de encuentro de seguidores, voy un rato detrás de ellos y un rato delante, si que ha avanzado el francés al encuentro de su amada, yo pensaba que solo quedaban unos metros. Para el arrastre oteo al fondo Bordes d’Envalira en Grau Roig, me recuerda a esquí inevitablemente aunque la verdad no pierdo el tiempo intentando discernir si es una pista u otra ¿qué más da?, solo quiero llegar al seguno subobjetivo, los 67 kilómetros; allí me encuentro a Joan Miquel que ha entregado la parte del dorsal, según él “harto de correr”, no me extraña. Lluís está muy maltrecho de la rodilla y encima el médico no está ahí sino en el siguiente avituallamiento en Inclés a 10 kilómetros, me dice que tira hasta ahí para tratarse y a ver que tal, ya casi sin poder de decisión propio, no de los demás sino de nadie, la verdad es que soy como un autómata, decido acompañarle y allí a ver que pasa.
Nos despedimos con pena de Joan. En el avituallamiento nos han comentado que son 8 kilómetros suaves con una ligera subida, “los cojones” con perdón de la expresión, una vez atravesamos la carretera por una calle empinadísima atravesamos un bosque en una subida fuerte que casi se hacía inevitable clavar palos, vaya el mejor remedio para una rodilla maltrecha, la bajada eso sí es sencilla y vamos charlando por el camino. Avanzado el atardecer y llegando al avituallamiento de Inclés, alcanzamos a nuestro compañero andorrano, el que mojó el buff, rodeado por familiares o amigos camino del avituallamiento, parecía una familia de paseo, imagen psicodélica, ya eran las nueve de la noche más o menos, el prado devendría precioso pero quizá en otra ocasión, ahora a llegar el refugio donde Lluís es atendido en una camilla que acabó cediendo y lesionando al enfermero, nueva paradoja, no tenían vendaje de compresión y yo creo que mucha idea tampoco, mientras era atendido una chica gordita de la organización se encargaba de que no me faltara de nada, sopa caliente, me da una rodaja de pan de molde con “una rodaja de fuet”, pero es igual, paso de moverme, le pido que me llene el camelbak y que me dé coca cola, me habla de que queda poco pero ya se ha hecho de noche y los pies me duelen mucho, no sé porque decido que no me atiendan, creo que en ese momento mi mente está fuera de la carrera. Lluís me insta a llamar a Joan para decirle que continúa y al encender el móvil recibo un mensaje de los amigos del camping a los que agradezco desde aquí su seguimiento, eran las 10 de la noche, les comento que esto es un infierno, que Lluís está siendo tratado, que faltan dos picos. Al rato, y después de haber hablado con Joan, malas noticias, Lluís decide no continuar, teme romperse definitivamente, es ese el momento más crítico, lo veo muy tocado, normal con su carácter guerrero, le digo que abandono con él, que 75 km ya está muy bien, me comenta que tire, que acabe por él, que ya casi lo tengo, la chica gordita se une a la cruzada, “solo quedan dos subidas”, “un último esfuerzo”, sin comentarios, si llego a saberlo me marcho allí, menos mal que fui inconsciente y después de abrazar a Lluís emprendo la aventura en solitario ante los vítores de los organizadores allí presentes comenzando lo que sería un terrorífico ascenso a la Cresta de la Cabana Sorda del cual os hablaré en la próxima entrega. Reitero mis felicitaciones a Lluís y a Joan, sin ellos no habría llegado hasta el kilómetro 75, gracias por su trabajo, somos un equipo, somos iusdeporte.com, una triada de gladiadores que deviene en uno pero con una misma alma y un mismo corazón. Hasta pronto fieles y estimados interlocutores.
Comentarios recientes